Capilla de Santa Teresa: una joya barroca en el corazón de la capital
Escondida en la bulliciosa calle Alcalá, número 43, la iglesia de San José nos sorprende con un tesoro barroco: la capilla dedicada a la santa carmelita. Construida en el siglo XVIII, esta pequeña iglesia dentro de otra iglesia destaca por su planta de cruz griega y su cúpula ricamente decorada con frescos de Luis González Velázquez.
La historia de esta capilla es tan fascinante como su arquitectura. Fundada originalmente por el valido del Duque de Lerma, don Rodrigo de Calderón, la capilla ha sufrido diversas transformaciones a lo largo de los siglos. Su ubicación estratégica en el crucero del templo y su rica ornamentación la convierten en un espacio de gran devoción y belleza.
Una joya de la pintura barroca
Los frescos de Luis González Velázquez que adornan la cúpula y las bóvedas de la capilla son un claro ejemplo del estilo ilusionista del barroco madrileño. Sus amplios rompimientos de gloria y arquitecturas fingidas crean un efecto de profundidad y realismo que transporta al espectador a otro mundo.
Una restauración minuciosa
En los últimos años, la capilla de Santa Teresa ha sido objeto de una compleja restauración llevada a cabo por la empresa ACEROUNO. Los trabajos se centraron principalmente en la cúpula y su chapitel, elementos que habían sufrido los efectos del paso del tiempo.
La intervención consistió en una compleja operación que requirió el desmontaje y posterior restauración de cada uno de los elementos que componen la estructura. Desde la aguja y el cupulín hasta la linterna y la cubierta de la cúpula, cada pieza fue examinada y tratada con el máximo cuidado.
Los restauradores realizaron una minuciosa toma de datos para documentar el estado original de la estructura y elaborar un plan de intervención detallado. A continuación, se procedió al desmontaje de los elementos de cubrición, como el plomo y la pizarra, para acceder a la estructura de madera subyacente.
La estructura de madera fue consolidada y tratada contra la carcoma, y se sustituyeron las piezas deterioradas. Posteriormente, se volvió a montar la cubierta, utilizando materiales y técnicas tradicionales.
Un legado para el futuro
Gracias a esta restauración, la capilla de Santa Teresa ha recuperado todo su esplendor original. Su belleza y su valor histórico la convierten en un lugar de visita obligada para todos aquellos que se interesen por el arte y la arquitectura barroca.

